viernes, 3 de febrero de 2012

EL ALUMNO COMO NECESARIO MOTOR DEL CAMBIO

Si entendemos que uno de los principales objetivos de la formación es promover en el alumno cambios duraderos y estables en su forma de relacionarse con el mundo. Si entendemos que estos cambios han de contribuir a facilitar su desarrollo como persona activa y participativa, miembro de una sociedad. Si creemos que cada individuo es singular y tiene derecho a desarrollar su propio proyecto personal, de acuerdo con sus creencias y pensamientos. Si nuestra utopía es que la educación debe pretender facilitar que las personas sean felices.

Si entendemos que educar no es rellenar de contenido recipientes vacíos,  sin sentimientos ni identidad propia. Si creemos que la educación no consiste en la transmisión de esquemas de conducta socialmente aceptados con el fin de perpetuar el status quo. Si pensamos que la educación no se basa en la transmisión de conocimientos, sino en la adquisición de habilidades y en la generación de actitudes.

Entonces… necesitamos que el alumno tome el mando de su proceso formativo, se convierta en protagonista de su aprendizaje porque, como dice el cuento, “la vida es un proyecto de hágalo usted mismo”.

Erase una vez…un albañil ya entrado en años que estaba pensando en retirarse. Quedó con su jefe para comentarle su intención de abandonar el trabajo y poder dedicarle más tiempo a su familia y a sus aficiones. Extrañaría a los compañeros, su rutina de trabajo y por supuesto su cheque mensual, pero estaba convencido de que era el momento de iniciar una nueva etapa en su vida.

Al encargado le desagradó escuchar aquello ya que no era fácil encontrar buenos albañiles, conocedores del oficio y tan entregados como él. Aún así no podía más que aceptar su decisión. El jefe decidió pedirle que le construyera una última casa más. Se lo pidió como un favor personal y el albañil no pudo negarse.

El albañil inició su trabajo tal y como había acordado con su jefe, pero se veía que no estaba poniendo el corazón en su trabajo. Trabajaba con desgana, mas pensando en el día que terminará la casa que en la calidad de los acabados. Desgraciadamente era una desafortunada manera de terminar su carrera.

Cuando el albañil terminó esta ultima casa avisó al encargado que acudió a inspeccionar el trabajo. El jefe, si apenas fijarse en la casa, le dijo al albañil entregándole las llaves. “Toma, esta es tu casa. Es un regalo para ti como compensación a todos los años de trabajo y esfuerzo que hemos compartido.”

¡Qué tragedia!, ¡Qué pena!. Si hubiera sabido que estaba construyendo su propia casa, la hubiera hecho de manera diferente. Ahora tendría que vivir en la casa que construyó “no muy bien” que digamos.

Así como en esta historia muchas veces vamos por la vida de manera distraída, dejando pasar oportunidades, no esforzándonos lo suficiente en cosas importantes, conformándonos, buscando excusas que justifiquen nuestras limitaciones y sin dar lo mejor de nosotros. Entonces, con pena, comprobamos la situación que hemos creado y vemos que estamos viviendo en la casa que hemos construido.

Si lo hubiéramos sabido antes, la habríamos hecho diferente. En nuestra vida, como el albañil, cada día clavamos un clavo, levantamos una pared o colocamos un tejado. Hay que construir con sabiduría, porque esta es la única vida que podremos construir.

La vida es un “proyecto de hágalo usted mismo”. Nuestra vida ahora es resultado de nuestras elecciones y actitudes del pasado. Nuestra vida mañana será el resultado de nuestras elecciones y actitudes de hoy.

¡FELIZ REFLEXIÓN!

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