miércoles, 13 de noviembre de 2013

UN CUENTO PARA DESPERTAR A LOS PADRES

Solemos asociar los cuentos con fantásticas historias que contamos a nuestros hijos a la hora de acostarlos, y que esperamos les abran la puerta a un mundo de fantasía y sueños. Así a través de estas, aparentemente insignificantes historias, conseguimos crear momentos mágicos de complicidad y cercanía con nuestros pequeños. Sin embargo existen otros cuentos, otras historias, que más allá de abrirnos las puertas de los sueños nos despiertan a la vida, nos sacuden la consciencia y nos invitan a mirarnos por dentro.

Estos cuentos para despertar, que suelo utilizar a menudo en el blog, son una invitación a detenerse en el camino, a pensar sobre lo que somos y hacemos y lo que creemos ser. Una llamada a la necesaria reflexión que nos permite madurar, crecer interiormente y sentir más coherencia entre nuestros valores, pensamientos y acciones. Esta reflexión se hace más imprescindible si cabe cuando hablamos de educación. La transcendental influencia que como educadores ejercemos sobre nuestros alumnos o hijos nos obliga a comprometernos en ese proceso de mejora constante.

Recientemente publiqué un cuento para despertar a los profesores, adaptando una historia de Elizabeth Silance Ballard, que rápidamente se convirtió en la entrada más visitada del blog. Hace algunos meses ya había publicado un cuento para despertar a los alumnos y, como la serie estaba incompleta, hoy el cuento lo dedico a la tercera pata de la mesa educativa: los padres. El cuento dice así…

Un joven matrimonio entró en uno de las mejores tiendas de juguetes de la ciudad. Los dos estaban entretenidos mirando, sin prisas, todos los juegos y juguetes apilados en las estanterías. Había muñecas que lloraban y reían, juegos electrónicos, construcciones, peluches gigantes, instrumentos musicales… pero no acababan de decidirse. Al acercarse la dependienta, la esposa le preguntó:

-Perdone señorita, tenemos una niña pequeña, pero estamos casi todo el día fuera de casa y, a veces incluso hasta de noche.

-Es una cría que apenas sonríe – añade el marido.

-Quisiéramos comprarle algo que la hiciera feliz – añade la esposa – algo que le diera alegría aun cuando no podamos estar más tiempo con ella.

-Lo siento- sonrió la dependienta- pero aquí no vendemos padres.

*IMAGEN: Escultura de la familia de Manuel García Linares. Gijón.

¡FELIZ REFLEXIÓN!


11 comentarios:

  1. Uff cuanto sentido me hace el cuento sobre todo en estos tiempos!

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    1. Totalmente cierto Yasna. A medida que avanzamos, que nos modernizamos, hay determinadas cosas "esenciales" que conviene recordar porque corremos el riesgo de olvidarlas.

      Un saludo.

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  2. Miguel,..mucho tiempo sin comentar pero siempre te leo y esperando que tu nueva entrada no dure mucho.

    Alumnos, profesores, padres ....y la cuarta pata de la mesa educativa??? se supone que es la Administración??? pues para despertar a esos anda que no cuesta.

    Yo siempre digo que lo importante en el tiempo que se pasa con las personas es la calidad y no cantidad. Aunque dificilmente vamos a poder valorar calidad si no nos vemos nunca o siempre con prisas.

    Que importante es la familia a la hora de transmitir valores y principios ....LLevaba muchos años queriendo hacerlo y este año he dado las gracias a mis padres en forma de album fotográfico un por todo lo que han hecho por nosotros, sus hijos. Animo a todos a que lo hagan pq ambas partes nos sentimos felices y contentos.

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    1. Hola Ana, muy cierto... ya se echaban en falta tus palabras.

      En realidad no me había planteado cuantas patas tendría la mesa educativa, pero tienes razón... por lo menos tendrían que ser cuatro!!! No creo que esa cuarta pata sea la administración... aunque si que es tentador la idea de invitarles a despertar, a ser más conscientes de la realidad que se vive en los patios de colegio y en las familias.

      Es cierto que más importante que la cantidad es la calidad, es un buen complemento a la reflexión del cuento. Lo importante es que se comparta tiempo de calidad, que los hijos sientan a sus padres cercanos y accesibles, y que los padres sepamos disfrutar de ese tiempo no que se convierta en una obligación.

      Encantado de poder compartir opiniones de nuevo contigo Ana.

      Un abrazo.

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    2. Siempre que reviso su página encuentro muy buenas lecturas, les felicito y agradezco sus aportes

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  3. Muy buena reflexión. Es algo que hay que tener en cuenta ahora que se acerca la Navidad. No es mejor padre quien más y más caros juguetes regala.

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    1. Cierto. A menudo la publicidad nos lleva a confundir la necesidad y el capricho. A la hora de educar a los hijos más no siempre significa mejor.

      Saludos.

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  4. Esto es muy cierto, en vez de preocuparnos de que es lo que les vamos a comprar a nuestros hijos deberíamos de ocuparnos de que es lo que les vamos a ofrecer a ellos y que calidad de tiempo les estamos dando. Porque los niños no necesitan juguetes caros sino con quien disfrutar y divertirse y que mejor que sean los papas.

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