lunes, 28 de mayo de 2012

UN CUENTO PARA DESPERTAR A LOS ALUMNOS

Ya sé que siempre nos han contado cuentos para acostarnos, para dormir, aunque si he de ser sincero, a mí los cuentos que más me gustan son los que me ayudan a despertar.
Comparto hoy una historia para reflexionar sobre nuestra labor como profesores, sobre las tan repetidas quejas de la falta de interés y de atención por parte de nuestros alumnos hacía aquello que les explicamos. El cuento de hoy es una historia que muestra el camino para atrapar, para atraer, para “enamorar” como dice el cuento, a nuestros alumnos. Una herramienta para luchar contra la desmotivación y la apatía.
La historia transcurre el primer día de clase cuando el nuevo profesor entra en el aula y sin tan siquiera presentarse, ni plantear los objetivos, ni el programa de su asignatura lo primero que hace es dirigirse al alumno sentado en la primera fila preguntándole su nombre.

-Me llamo Luis, maestro – Contesta el despistado alumno.

Lo segundo que hizo fue gritarle a Luis que saliera de la clase inmediatamente. El alumno lo miró con incredulidad y quiso protestar pero el maestro no le dio oportunidad.

-Cierra la puerta al salir. ¡No te quiero ver aquí! -Le gritó con autoridad.

Temblando de nervios, coraje o qué se yo, tomó sus cosas y salió sin decir una palabra sin olvidarse de dar un portazo para cerrar la puerta.

Todos nos quedamos asombrados y en completo silencio. Mientras el maestro sacaba un libro de su maletín,  yo lo miraba y pensaba que era un completo idiota y que seguramente nos haría la vida imposible todo el semestre. ¡Qué tipo tan insoportable!

Finalmente tomó asiento y preguntó qué materia nos iba a dar.

¡Que ridículo! ¡Ni siquiera sabía a qué venía! Todos, al mismo tiempo sacamos nuestro horario de clases y dijimos al unísono: ¡INTRODUCCIÓN AL DERECHO!

-Muy bien. ¿Alguien tiene idea de qué se va a tratar en esta clase?

Algunos, los que querían impresionar al nuevo maestro levantaron la mano. El maestro señaló a uno de ellos quien de inmediato dijo que se trataría del estudio de las leyes.

-Muy bien. ¿Alguien sabe para qué sirven las leyes?

Varias respuestas tuvo esa pregunta. Para tener una sociedad organizada. No. Para que todos estemos obligados a cumplirlas. No. Para saber quiénes son los criminales. No... Y así, uno por uno... hasta que alguien dijo la palabra mágica que el maestro buscaba... Para que haya justicia.

-¡Ajá! Justicia. ¿Qué es la justicia?

La justicia es no permitir que se violen los derechos de los demás. -Bien, ¿qué más?... La justicia sirve para regular las conductas de las personas. -Bien, ¿qué más?... La justicia es buscar que cada persona obtenga lo que se merece.

-Bien, muchachos. Bien. Ahora díganme... ¿Ustedes creen que hice bien en sacar a su compañero del aula?

Silencio. Miradas unos a otros.

-¿Hice bien sí o no?

-¡Noooo!

-¿Cometí una injusticia?

-¡Sí!

-¿Y por qué nadie dijo nada? ¿De qué sirven las leyes, las normas y los reglamentos si no tenemos el valor de aplicarlas? Todos estamos obligados a levantar la voz cuando vemos una injusticia. Ustedes y yo. ¡Nunca se queden callados! Tras una breve pausa añadió: Que alguien vaya a buscar a Luis.

Silencio. Todos nos mirábamos con sonrisas idiotas. Alguien salió a buscar a Luis.

Esa mañana me enamoré de mi maestro de Introducción al Derecho.
Este cuento lo encontré recientemente en la página de Valeria Torres. ¿Alguien conoce una forma más contundente de explicar los objetivos de una asignatura?
El cuento plantea la sutil diferencia entre mostrar y demostrar, una de las claves de la verdadera educación transformadora.
¡FELÍZ REFLEXIÓN!

15 comentarios:

  1. Simplement m'encanta.......si tots alçarem la veu davan les injusticies...............

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  2. me encantó... Es una excelente idea para aplicar con los chicos...

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    1. Saludos Rodrigo y gracias por dejar tu comentario. Ojala fuésemos capaces de generar tanto impacto y tanto cambio en nuestros alumnos como muestra este relato. Con todo, aunque sea difícil, hay que continuar luchando por "despertar" a los jóvenes de ese letargo en el que parecen estar e invitarlos a ser protagonistas del cambio.

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  3. Desgraciadamente un profesor de este tipo parece casi inexistente. Es una figura utópica en los tiempos que corren.

    Repito, desgraciadamente.

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    1. Tengo mis dudas con respecto a si los métodos utilizados por este profesor son los más adecuados considerando los efectos colaterales de su actuación (¿cómo se sentirá Luis?), aunque la historia sirve para reflexionar sobre el alejamiento creciente entre los contenidos impartidos en las aulas y la realidad de la calle, las necesidades del mundo real.

      El aprendizaje es necesario vivenciarlo y aplicarlo para que sea considerado como tal. Aprender definiciones y clasificaciones de memoria tiene una utilidad muy limitada (exceptuando poder aprobar el examen, claro. Parece estúpido con la cantidad de recursos que disponemos en estos momentos continuemos impartiendo clases con los mismos objetivos que el siglo pasado.

      Saludos José.

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  4. Excelente historia de reflexión pedagógica. Sí, quizás, el profesor se sobreactuó un poco, pero logró que su mensaje llegara adonde debía llegar. Es importante resaltar que él generó también un escenario de aprendizaje involucrando el 'despertar' de valores, más allá del concepto de justicia, porque, definitivamente, los valores son materia prima de la educación.

    Es verdad, difícilmente un concepto se puede sentar cómodamente en la memoria del estudiante, si no se lleva a la práctica, si lo que se escribe... no se vive!
    "Las palabras se las lleva el viento, ¿las acciones? ni un huracán!"

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    1. En definitiva lo importante es el mensaje, la reflexión que encierra la historia. La educación debería ser planteada desde su utilidad y su aplicabilidad, desde la necesidad del alumno por aprender, y no desde la imposición del profesor por enseñar. Nadie aprende nada que no necesite saber.

      Se aprende haciendo y sobre todo experimentando y sintiendo. Conseguir que el alumno se sienta protagonista de su proceso de aprendizaje, empoderarlo, convertirlo en el motor y no en un simple receptor, supondrá la verdadera revolución en las aulas.

      Saludos Gustavo.

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  5. Muy interesante la historia...

    Sin embargo, lo que no se cuenta es que quizás el silencio de los estudiantes se debe a que desafortunadamente son más las ocasiones en las que al levantar la voz frente a una injusticia como la que el cuento plantea, terminan involucrados en un lío mayor.

    ...¿Qué hacer con los docentes que actúan así en realidad?, los que dicen que su materia solo la aprueban 3 o 4, los que intimidan a los estudiantes con su actitud...?

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    1. Es cierto que la historia explica más las consecuencias que las causas. Aunque las cuasas puedan ser diversas, la consecuencia es siempre la misma: Una educación ficticia y teórica alejada de la realidad y de la utilidad.

      Saludos Blanca. Gracias por comentar.

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  6. Un profesor que dictaba su primer clase de un taller emprendimiento ingresa con una radio al aula y antes de explicar nada pide retirar las sillas y mesas, enciende la radio ....un reggaeton y les pide que bailen...eran adultos en clases vespertinas e incluso algunos de corbata...que creen? solo algunos cuantos se atrevieron y bailaron el resto se nego y se pusieron en un costad.... luego apaga la radio y pidió nombres de aquellos valientes y de inmediato pudo identificar a los verdaderos emprendedores de cuerpo y alma...los que realmente se atreven y marcan diferencia...genial el profe...es absolutamente real.

    Saludos...Seba Díaz

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    1. Sebas, muchas gracias por compartir el ejemplo, me parece un ejemplo perfecto. La vida, por mucho que se empeñe la educación tradicional, no son teorias y definiciones, sino actitudes y habilidades y existen formas de ponerlas en practica en un contexto de formación, aunque ello supone un cambio de paradigma educativo.

      Saludos
      Miguel

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  7. Respuestas
    1. Doblemente gracias por tu comentario Yanis. Encantado de tenerte por aquí.

      Saludos.

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  8. Pues mira que he recorrido aulas y edades,y sinceramente no creo que se diera esa situación en ninguna de ellas,porque siempre hay alguien que te da su opinión din pedírsela

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    1. Las aulas deberían ser espacios para la opinión, el debate y la reflexión, ya que estos son los mecanismos que permiten madurar y transformar al alumno, convirtiéndolo en una persona autónoma y diferencial. Las opiniones no deben pedirse ni autorizarse, simplemente compartirse de manera respetuosa. A pesar de ello continuo pensando que predominan los espacios con jerarquías y donde lo que dice el profesor no se discute.

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