viernes, 18 de mayo de 2012

NUESTRO ENEMIGO ES NUESTRO MEJOR MAESTRO.

"El éxito o el fracaso no depende de las circunstancias sino de nuestra actitud ante ellas". Esta es una de las ideas que con mayor frecuencia se escucha durante las clases. El motivo es evidente: intento contrarrestar la poderosa influencia del pesimismo, el desánimo y la apatía que la actual situación laboral genera entre mis jóvenes alumnos. La reacción inmediata es cubrirse con el manto de las excusas y justificar su inacción con un “no vale la pena”. Por muy mal que estén las cosas, lo cierto es que siempre pueden empeorar, máxime si ante una situación complicada o un problema nuestra única opción es utilizar la técnica del avestruz, refugiarnos bajo la sábana y esperar a que escampe, esperar a que otros vengan a solucionarlo.

Sin embargo es frente a las adversidades cuando se conoce el verdadero valor de las personas. Dime la medida de tu adversario y te diré la grandeza de tu triunfo. Un ejemplo futbolero, ¿acaso el Real Madrid y el Barcelona no se necesitan mutuamente? Seguramente ninguno de los dos habría llegado a ser tan grande y poderoso sin la presencia de un rival de envergadura. Otro ejemplo deportivo: Todos los ciclistas son rápidos en las bajadas, pero se necesita un Tourmalet para marcar las diferencias en la clasificación general. Sin retos que afrontar, sin problemas a los que enfrentarnos nuestra capacidad de crecimiento se ve muy mermada. No se consiguen grandes cosas sentados desde el sofa del salón. La crisis es una putada, pero también es una gran oportunidad de aprendizaje. Alguién dijo una vez que las oportunidades siempre se nos presentan disfrazadas de problemas. Vivimos una etapa convulsa, dificil y problemática,... obligatoriamente también llena de oportunidades para aquellos que están dispuestos a intentarlo.

El aspecto positivo de las dificultades es que nos obligan a sacar lo mejor de nosotros mismos. La necesidad es la verdadera fuente de la motivación. La necesidad agudiza el ingenio. Los momentos de crisis, de pérdida del puesto de trabajo, de necesidades económicas, de dificultad,… son además de un duro revés, una oportunidad magnífica de poner en práctica todas nuestras potencialidades, que seguramente sin esa circunstancia,  nunca reuniríamos el valor para intentar.

Otra de las fantásticas historias que utilizo como herramienta de reflexión sobre el tema es la conocida historia de la zanahoria, el huevo y el café. El cuento dice así…

Un acólito preguntaba a su maestro acerca de la vida y cómo las cosas le resultaban tan difíciles. No sabía cómo hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencido. Estaba cansado de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.

Su maestro, lo llevó a la cocina del monasterio. Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre fuego fuerte. Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo. En una colocó zanahorias, en otra colocó huevos y en la última colocó granos de café. Las dejó hervir sin decir palabra. El alumno esperó impacientemente, preguntándose qué estaría haciendo su sabio maestro. A los veinte minutos apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un tazón. Sacó los huevos y los colocó en otro plato. Finalmente, coló el café y lo puso en un tercer recipiente.

Mirando a su extrañado alumno le dijo: "¿qué ves?"

 -"Zanahorias, huevos y café" fue su respuesta.

Le hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias. Lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Luego de sacarle la cáscara, observó el huevo duro. Luego le pidió que probara el café. El aprendiz sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma y humildemente preguntó: "¿Qué significa esto?"

El maestro explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: agua hirviendo, pero habían reaccionado en forma diferente.

La zanahoria llegó al agua fuerte, dura; pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de deshacer. El huevo había llegado al agua frágil, su cáscara fina protegía su interior líquido; pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido. Los granos de café sin embargo eran únicos; después de estar en agua hirviendo, habían transformado al agua.

"¿Cual eres tú?", le preguntó. "Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes?.

¡FELIZ REFLEXIÓN!

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