miércoles, 2 de mayo de 2012

EMPOWERMENT EDUCATIVO: UNA FÓRMULA DE MOTIVACIÓN.

Hace unos años, mientras realizaba un curso sobre gestión de recursos humanos, descubrí la gran cantidad de aspectos de gestión empresarial que son de aplicación en los programas formativos. Y no es de extrañar que sea así, al fin y al cabo, se trata de procesos bastante similares. Tanto en el mundo de la empresa como en el de la formación se habla de objetivos, de procesos, de planificación, de evaluación, de retroalimentación, de motivación,… y en ambos casos el factor humano (empleados o alumnos) es un elemento determinante para la consecución de los objetivos.
Para mí la principal diferencia que existe entre un proceso empresarial y uno formativo esta  en el destinatario de los beneficios. Mientras que en el mundo empresarial el que recibe los beneficios de la acción es el propietario de la empresa o sus accionistas, en el contexto formativo el beneficiario es el alumno. Siempre insisto a mis alumnos en este matiz: trabajáis en vuestro propio beneficio, no trabajáis para mí, soy yo el que trabaja para vosotros- les digo. Los alumnos son al mismo tiempo los clientes y los accionistas de esta empresa. Los profesores trabajamos para ellos, para su satisfacción y su provecho, ellos son los destinatarios del beneficio formativo,  aunque muchas veces parezca justo lo contrario. Siguiendo con la metáfora empresarial los profesores ejercemos el papel de jefes, de duros encargados, mientras que los alumnos representarían a esos malos trabajadores siempre pendientes de escaquearse cuando no está el jefe pendiente. Y si este modelo de relación empieza a ser anacrónico en el mundo de la empresa, en el contexto formativo es sencillamente un sinsentido.
Recuerdo especialmente uno de los conceptos de gestión empresarial, en los que nuestro profesor insistía con frecuencia, y que me parece tremendamente poderoso: el empowerment. Este concepto que no tiene una traducción concreta al castellano se podría traducir como empoderamiento o potenciación. El empowerment como concepto empresarial está basado en la delegación y consiste en otorgar mayor responsabilidad y poder de decisión a los empleados de modo que se involucren más en su trabajo y por tanto aumente su rendimiento y la calidad de su trabajo. Se podría decir que el empowerment es una técnica de motivación que persigue que los trabajadores “sientan los colores de su camiseta”, se sientan vinculados emocionalmente con la empresa, llevando su relación más allá del sueldo a cambio de trabajo.
 Durante cientos de años el dinero ha sido el principal motivador, si no el único, que intervenía en las relaciones laborales. Es cierto que todas las personas realizan su trabajo a cambio de una contraprestación económica, de hecho hay quien opina que si no fuera de esta forma no hablaríamos propiamente de trabajo. Pero también es evidente que además de dinero para cubrir nuestras necesidades más básicas de alimentación y seguridad, el trabajo también nos posibilita cubrir necesidades más elevadas de tipo social, de reconocimiento y de autorrealización. De hecho son muchos los autores que señalan que el trabajo es el mecanismo más importante de integración social, al mismo tiempo que su carencia es un peligroso generador de marginación y exclusión social.
La evolución del modelo industrializado ha ido provocando la pérdida de influencia de motivadores tipo externos (premios y castigos) en favor de los motivadores intrínsecos,  aunque esta afirmación estaría muy matizada por el tipo de tarea a realizar. Como norma con tareas más mecánicas  y simples funcionan bien los motivadores externos, mientras que para tareas más complejas, más creativas, se obtienen mejores resultados utilizando motivadores intrínsecos entre los que estaría el empowerment.
Volviendo al tema de la formación, es evidente que el aprendizaje es una tarea compleja, que requiere de la implicación del alumno. Nadie es capaz de aprender nada en contra de su voluntad. Por tanto la aplicación de motivadores externos (premios, castigos) tendrá un efecto muy limitado como motivadores para los alumnos. Es posible que tengan un efecto muy significativo a corto plazo, pero en el largo perderán su capacidad de influencia. A pesar de ello, la mayoría de los programas de refuerzo que se emplean en educación están basados en el tradicional modelo de burro y zanahoria. “Pórtate bien y conseguirás una estrella dorada”; “Deja de molestar o acabarás en el despacho del director”. Este modelo de gestión, propio de un modelo industrial, otorga al profesor el papel de supervisor de la cadena de producción, de vigilante como el perro del pastor encargado de controlar las ovejas del rebaño. Un indicador de este modelo sería que cuando el profesor (el supervisor) desaparece del aula el ritmo de trabajo desciende considerablemente (escaqueo).
Creo que es completamente necesario introducir un cambio en el modelo basado en la utilización de motivadores intrínsecos en el proceso formativo, y esto pasa básicamente por aplicar la técnica del empowerment en las aulas. En este contexto la expresión “empoderar a los alumnos” me parece adecuada. Hay que dar el protagonismo a los alumnos, darles voz y capacidad de decisión, posibilitar metodologías distintas para alumnos con capacidades distintas, implicarles en el proceso de forma que asuman la responsabilidad de los resultados. Este contexto modifica las funciones tradicionales del profesor (explicar y vigilar), ahora el profesor se convierte en un facilitador, en un animador, en un diseñador de situaciones de aprendizaje. El objetivo del formador no es el de “introducir” conocimientos nuevos en el alumno, sino que, como dice Santiago Álvarez de Mon, la educación consiste en extraer el talento que el educando atesora en su interior.
Enlazo integra la genial conferencia de Daniel Pink en TED sobre motivación. Aunque su argumentación está basada en criterios empresariales, creo que sus conclusiones son tremendamente aplicables en el ámbito educativo. Sus tres líneas maestras: autonomía, maestría y propósito son un magnifico soporte para diseñar un modelo formativo eficaz. ¿Acaso existe alguna tarea más creativa, inspiradora y emocionante que soñar nuestro propio futuro?


FELIZ REFLEXIÓN!!

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