jueves, 22 de noviembre de 2012

TRABAJANDO PRINCIPIOS Y VALORES EN EL AULA



Yo llevo la nariz roja, pero ¿quién hace aquí el payaso?”
Una de las características más alarmantes del actual mercado de trabajo es la precariedad laboral. La escasez de puestos de trabajo, unida a la extrema necesidad y urgencia de miles de personas por obtener unos ingresos con los que llegar a fin de mes, está generando una desregulación alarmante en el mercado de trabajo.  La mayoría de los trabajos, sobre todo los de menor cualificación, se consiguen en un escenario con normas parecidas a la arena de un circo romano. El mercado laboral se convierte así en una especie de lonja en la que diariamente se subastan (a la baja) las ilusiones y las miserias de las personas, y donde lo que en última instancia se pone en juego, es el precio al que cada cual está dispuesto a vender sus principios y su orgullo. Es la aplicación de la libre competencia en su estado más salvaje y despiadado.
En este escenario de necesidad y escasez, en el que las normas se desdibujan y aparecen desconfianzas y recelos por doquier, es fácil desorientarse y perder la perspectiva. Es un contexto deshumanizado en el que las personas se mueven por la urgencia de su necesidad inmediata. Es un terreno fértil para la codicia y el egoísmo, en el que afloran con facilidad todas las miserias humanas. Este es un momento de contrastes, en el que parece no haber lugar para la moderación, donde cada cual saca lo peor de si mismo,… pero también lo mejor. Al tiempo que conocemos casos de personas sin escrúpulos capaces de hacer negocio de la necesidad de los demás, encontramos cientos de conmovedoras historias basadas en la solidaridad, el compromiso y el altruismo de personas de gran corazón.
Es por esto, que es precisamente en estas circunstancias, cuando debemos redoblar los esfuerzos para, desde nuestros programas formativos, incidir en la importancia de los valores y las actitudes en la vida y en el trabajo. No es suficiente articular nuestros programas desde la acumulación de saberes, de conocimientos, de habilidades profesionales o de búsqueda de empleo, sino que cada vez resulta más imprescindible entrar de lleno en los contenidos relacionados con el saber ser. Es urgente que este tipo de contenidos dejen de estar reflejados en las programaciones educativas como competencias transversales, que todo lo abarcan, que todo lo impregnan, pero que al final nadie imparte y quedan relegadas a bienintencionadas declaraciones de intenciones.
Al incorporarse al mundo laboral, al convertirse en adultos, nuestros jóvenes alumnos necesitaran de un importante andamiaje basado en principios, valores y emociones que los sustenten. Solo dotados de estas habilidades podrán enfrentar las duras circunstancias que les esperan a la vuelta de la esquina con entereza, con la fortaleza necesaria para no hundirse ante la primera expectativa frustrada.
Este tipo de aprendizajes son difícilmente adquiribles en un contexto de aula, ya que requieren de la experimentación, de la vivencia por parte del alumno, para que pueda interiorizarlos. Además, necesariamente deben asentarse sobre una base de coherencia entre lo mostrado y lo demostrado por todos sus referentes, tanto profesores como padres (ver el poder del ejemplo). Sin embargo la complejidad no puede convertirse en excusa, sino más bien en aliciente ante la necesidad.
Como en todo, siempre es mejor dar un pequeño paso, ponerse en marcha, intentarlo aunque nos falten medios, apoyos o conocimientos. Siempre será mejor que permanecer inmóvil en el terreno yermo de las justificaciones. Como decía Gandhi, “lo importante es la acción, no el resultado de la acción. Debes hacer lo correcto. Tal vez no esté dentro de tu capacidad, tal vez no esté dentro de tu tiempo que haya algún resultado”.
Acompaño hoy una de las actividades que utilizo en clase para trabajar estos temas con mis alumnos. La actividad arranca con la proyección del cortometraje Clown de Stephen Lynch, que nos sirve de base para plantear diferentes cuestiones sobre principios, actitudes y trabajo. Esta historia presenta un argumento brillante, perfecto para adentrarse en el difícil engranaje de emociones, valores y necesidades que, con tanta frecuencia, generan conflictos entre los ámbitos personal y profesional.





¡ FELIZ REFLEXIÓN!

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