jueves, 18 de octubre de 2012

EL COSTE DE OPORTUNIDAD EN EDUCACIÓN.

Está siendo esta una semana movidita en cuanto a manifestaciones en favor de una educación pública universal y de calidad. Sosteniendo la pancarta, la familia educativa: profesores, alumnos, sindicatos e incluso asociaciones de padres. Nunca la aprobación de una reforma educativa generó tanto consenso y tanta unanimidad… en su contra, claro. Al otro lado de la calle, parapetados por un imponente cordón policial, el gobierno y sus ministros. “No nos gusta tomar estas decisiones, entendemos que son dolorosas, pero no queda otra opción”, se excusan desde el gobierno. Es la dificultad de gestionar las miserias. Aunque también es cierto que es en la tempestad donde se observa la pericia del capitán.
No hay dinero. O sí, pero las prioridades son otras. La educación parece que no es una necesidad básica, como tampoco lo es la sanidad, o la investigación. Los nuevos presupuestos 2013 vuelven a meter la tijera con saña en estas partidas, al igual que en las Políticas Activas de Empleo. Es la gestión del bombero, hay que apagar los fuegos, hay que atender las urgencias, aún a costa de abandonar las cosas importantes. Es la diferencia entre vivir o, simplemente sobrevivir.

El panaroma de la formación no reglada es bastante más desolador que el educativo. Los programas de formación para el empleo, languidecen. El programa de Escuelas Taller en el que llevo trabajando los últimos veinte años desaparece. Son programas caros, no son rentables, y por tanto son prescindibles, o ampliamente recortables. Esta es una lógica basada en el supuesto de considerar el dinero como fin y no como un medio. Esta es la lógica cortoplacista y miserable del “pan para hoy y hambre para mañana”. Ya advertía hace unos años el periodico El País sobre estos riesgos en su acertado artículo "la educación no es gasto, es inversión". Releer este texto de nuevo me provoca escalofríos. Apenas han transcurrido un par de años y el escenario formativo es dantesco. Si la formación es la clave para recuperar el empleo, el enfermo agoniza por falta de medicación.

Publicaba la Unesco esta misma semana su informe anual de seguimiento del Programa Educación para todos, este año especialmente dedicado a la importancia de la formación como medio para conseguir la inserción laboral de los jóvenes. Bajo el título "Los jóvenes y las competencias: trabajar con la educación", el informe incide y alerta sobre sobre los riesgos de "escatimar" inversiones en educación y formación. Además el documento es tremendamente duro con el caso de España, donde el problema del paro juvenil (superior al 50 %) es especialmente sangrante. Destaca el informe la necesidad, precisamente en tiempos de crisis, de dotar a los jóvenes de las herramientas que les permitan incorporarse con garantias al mercado laboral. Trabajar las competencias profesionales, fomentar programas que les doten de una experiencia practica real, capacidad de adaptación a las Nuevas Tecnologías y mejora urgente de la Formación Profesional, son algunas de las recomendaciones de la Unesco. Llama la atención el informe sobre la perdida de potencial y de oportunidades de crecimiento que se estan desaprovechando fruto de una falta de inversiones educativas. El documento llega a cuantificar el retorno de la inversión educativa en 10 dólares por cada uno invertido. Aunque en el caso español ( y esto es una opinión particular no lo dice el informe de la Unesco) este retorno se lo están cobrando otros, vease por ejemplo Alemanía.

Sin embargo, la rentabilidad de una inversión no solo se mide en función del retorno obtenido, no es tan simple, sino que hay otras muchas variables en juego. Uno de los conceptos económicos más interesantes, y que se ha exportado con éxito al campo de la psicología, es el de coste de oportunidad. Según este concepto, a la hora de plantear una inversión hay que comparar la rentabilidad esperada con la que podriamos obtener con las otras opciones disponibles, incluyendo entre estas opciones la de no realizar la inversión. ¿Alguien se ha parado a calcular el coste de oportunidad de los actuales recortes? ¿Alguien está valorando, en el largo plazo, las consecuencias que tendran las medidas que se estan adoptando?

Dejo las preguntas en el aire,... o no. Acabo la entrada de hoy, como tantas veces, recordando una breve historia que acompaña la reflexión de hoy. Esta es una historia cuyo protagonismo se le atribuye al filósofo griego Sócrates, y que creo ejemplifica a la perfección el concepto de coste de oportunidad aplicado a la educación. La historia de hoy dice así...
Cuentan que un día un rico comerciante visitó a Sócrates para pedirle que se encargara de la educación de su hijo. Al plantear el filósofo sus honorarios al comerciante le parecieron excesivos, así que le dijo: “Tened en cuenta que por esa cantidad puedo comprarme un buen burro”. Sócrates le contestó: “Hacedlo y tendréis dos asnos en casa”.
¡FELIZ REFLEXIÓN!

3 comentarios:

  1. COLUMNA
    Las ilusiones perdidas
    CONCHA CABALLERO 2 OCT 2010
    Archivado en:Opinión Andalucía España

    No se van en trenes con maletas de cartón pero llevan sus bienes más preciados: un portátil, un móvil de última generación regalado por un familiar o conseguido a base de una lucha de puntos sin cuartel. Suelen tomar un vuelo de bajo coste, cazado pacientemente en las redes de Internet. Se van a hacer un máster, o han logrado una mal llamada beca Erasmus que costará a la familia la mitad de sus ahorros. Otras veces van a hacer de au-pair, de auxiliar de conversación, o a cualquier trabajo temporal. La familia va a despedirlos a la puerta de embarque y mientras se alejan disimularán unos su pena y otros su incipiente desamparo. "Es por poco tiempo -se dicen-. Dominarán el idioma, conocerán mundo... Regresarán en pocos meses".

    Hasta hace poco era un privilegio de los nuevos tiempos que les permitía gozar de una libertad sin límites, de un mundo sin fronteras, de una capacidad casi infinita de aprendizaje... Hasta que llegó la crisis y la maleta pareció distinta, la espera en la fila de embarque más embarazosa, la despedida más triste y el fantasma de la ausencia definitiva más cercano.

    No. No llevan maletas de cartón, ni hay aglomeraciones en el andén de la despedida. No se marchan en grupo, sino uno a uno. Aparentemente nada les obliga. Ha sido una cadena invisible de acontecimientos. Estuvieron allí hace unos años, o tienen una amiga que les ha informado de que puede encontrar algún trabajo con facilidad. No pagarán mucho, eso es seguro, pero podrán ganarse la vida con cierta facilidad... A fin de cuentas aquí no hay nada.

    Y se marchan poco a poco, sin alboroto alguno. Un goteo incesante de savia nueva que sale sin ruido de nuestro país, desmintiendo la vieja quimera de que la historia es un caudal continuo de mejoras.

    No hay estadísticas oficiales sobre ellos. Nadie sabe cuántos son ni adonde se dirigen. No se agrupan bajo el nombre oficial de emigrantes. Son, más bien, una microhistoria que se cuenta entre amigos y familiares. "Mi hija está en Berlín", "se ha marchado a Montpellier", "se fue a Dubai" son frases que escuchamos sin reparar en el significado exacto que comportan. Escapan a las estadísticas de la emigración porque suelen tener un nivel alto de estudios y no se corresponden con el perfil típico de lo que pensamos que es un emigrante. Quizá en las cuentas oficiales figuren como residentes en el extranjero, pero deberían aparecer como nuevos exiliados producto de la ceguera de nuestro país.

    En los tiempos de crisis que detallan cada euro gastado nadie computa los centenares de miles de euros empleados en su formación y regalados a empresarios de más allá de nuestras fronteras con una torpeza sin límites, con una ignorancia sin parangón. Menos aún se cuantifican el esfuerzo de sus familias, las ilusiones perdidas y sus sueños rotos en mil pedazos.

    No llevan maletas de cartón, pero componen un nuevo éxodo que azota especialmente a Andalucía, que dispersa a nuestros jóvenes por toda Europa y gran parte del mundo, que nos priva de su saber, de su aportación y de su compañía. Pero, aparentemente nadie se escandaliza por esta fuga de cerebros, lenta pero inexorable, que nos privará de muchos de nuestros mejores talentos. Nadie protesta por esta nueva oleada de exiliados que son una acusación silenciosa del fracaso y de engaño. Se van en silencio por el túnel de embarque en el que les alcanzará la melancolía por la pérdida temprana de su tierra.

    No son, como dicen, una generación perdida para ellos mismos. No son los socorridos ni-nis que sirven para culpar a la juventud de su falta de empleo. Son una generación perdida para nuestro país y para nuestro futuro. Un tremendo error que pagaremos muy caro en forma de atraso, de empobrecimiento intelectual y técnico. Aunque todavía no lo sepamos.

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  2. http://www.abc.es/20121008/familia-educacion/abci-consigue-finlandia-numero-educacion-201210011102.html

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  3. "No se si la educación puede salvarnos, pero no sé de nada mejor". La frase es de Borges. Enhorabuena por el blog!!

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