miércoles, 18 de abril de 2012

CAMBIAR EL MUNDO.

Acababa la entrada anterior con la pregunta ¿Quién se apunta a cambiar el mundo? En principio puede parecer una pretensión ambiciosa o descabellada. Sin embargo, ¿qué sería de nosotros si cerráramos la puerta a la utopía? Muchas veces los sueños son la verdadera energía que nos permite mirar hacia el futuro con el optimismo necesario, confiando en que un mundo mejor es posible.

Recuerdo una preciosa historia que encontré una vez y guardé en la mochila de “cuentos imprescindibles para caminar por el mundo”. Es posible que esta historia tenga ahora, en plena crisis, más sentido que nunca. En todo caso la comparto con vosotros. El cuento dice así…

Un científico vivía preocupado con los problemas del mundo y estaba resuelto a encontrar los medios para disminuirlos. Pasaba días encerrado en su laboratorio en busca de respuestas para sus dudas. Cierto día, su hijo, de siete años, invadió su santuario decidido a ayudarlo a trabajar. El científico, nervioso por la interrupción, intentó hacer que el hijo fuera a jugar a otro sitio. Viendo que sería imposible sacarlo de allí, el padre procuró algo para darle al hijo, con el objetivo de distraer su atención... De repente tomó un mapa del mundo de una revista, y, con una tijera, recortó el mapa país por país a modo de puzzle en varios pedazos. Cogió también un rollo de cinta adhesiva, y se lo entregó todo al hijo diciendo:
-¿A ti te gustan los rompecabezas?. Entonces voy a darte algo para que te entretengas. Aquí tienes el mundo todo roto. A ver si puedes arreglarlo bien, pero hazlo tu solito.

Calculó que al niño le llevaría días para recomponer el mapa. Algunas horas después, oyó la voz del hijo que le llamaba calmamente: -Papá, papá, ya lo he hecho. He conseguido terminar todo.

Al principio el padre no dio crédito a las palabras del hijo. Sería imposible a su edad haber conseguido recomponer un mapa que jamás había visto. Entonces, el científico levantó los ojos de sus anotaciones, seguro que vería un trabajo digno de un niño. Para su sorpresa, el mapa estaba completo. Todos los pedazos habían sido colocados en sus sitios. ¿Cómo sería posible? ¿Cómo el niño había sido capaz?

-Tu no sabías como era el mundo, hijo mío como lo conseguiste?

-Papá, yo no sabía cómo era el mundo, pero cuando tú quitaste el papel de la revista para recortar, yo vi que del otro lado había la figura de un hombre... Cuando tú me diste el mundo para arreglarlo, yo lo intenté pero no lo conseguí. Fue entonces que me acordé del hombre, di vuelta a los recortes y empecé a arreglar el hombre, que yo sabía cómo era.

Cuando conseguí arreglar el hombre, le di vuelta a la hoja y encontré que había arreglado el mundo.

FELIZ REFLEXIÓN.

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