miércoles, 28 de marzo de 2012

LA EDUCACIÓN DEL SIGLO XXI NECESITA UN NUEVO ENFOQUE.

Leo en los periódicos de estos días la intención del gobierno valenciano de abrir los colegios durante el mes de julio para que los alumnos que no han superado el curso en junio puedan tener clases de refuerzo, sobre todo en las asignaturas de matemáticas y lengua. Hace unos meses la idea era utilizar episodios de series de dibujos animados, como los Simpsons, para que protagonizaran los problemas de matemáticas con el fin de hacerlos más atractivos para los estudiantes. Hace un par de años la solución a la falta de motivación y a los altos porcentajes de fracaso escolar pasaba por inundar los centros de pizarras digitales y repartir a manos llenas portátiles para todos los alumnos (aunque la fe en esta iniciativa fue por barrios, o por Comunidades Autónomas).

No se la aplicación ni el seguimiento que todas estas iniciativas tienen, aunque creo que se pone más interés en su difusión en prensa que en su aplicación real en las aulas. De todas formas dan la impresión de ser palos de ciego que intentan trasladar a la opinión pública la idea de que estamos haciendo algo, de que somos conscientes del problema y estamos tratando de solucionarlo.

Estas“originales” iniciativas tienen como objetivo declarado luchar contra las elevadas tasas de fracaso escolar. España, como el resto de países europeos, se comprometió a reducir considerablemente sus porcentajes de abandono temprano y de fracaso escolar con vistas al 2020. Los países de la UE aspiran a reducirlo hasta el 10 %. España espera llegar al 15 % (la mitad del actual, aproximadamente), aunque ya avisa que será “extremadamente difícil” cumplir con sus objetivos. Máxime si durante los últimos años, lejos de disminuir, España es uno de los pocos países donde este porcentaje se mantiene estable, incluso repunta ligeramente.

En los próximos meses asistiremos al nacimiento de una nueva reforma educativa. Ya lo anticipó el nuevo ministro y, no podría ser de otra manera. Cada cambio de gobierno viene ineludiblemente acompañado de su correspondiente modificación legislativa. Asignaturas que van y vienen, bachilleratos que crecen o decrecen a conveniencia, criterios más duros o más comprensivos para poder pasar de curso, una formación profesional que (por mucho que se le cambie el nombre) no deja de ser el patito feo, el cajón de sastre en el que cabe todo, y que nunca encuentra su necesaria confluencia con el mercado laboral y de nuevo los colegios concertados ganando terreno en detrimento de los públicos para que los padres puedan elegir quién y cómo debe educar a sus hijos.

En el fondo es más de lo mismo, y así nos va. Las asignaturas continuaran encerrándose en voluminosos libros de texto que habrá que memorizar. El profesor continuará en su papel de guardián de las verdades absolutas, incuestionables. Se premiará a aquellos alumnos que tengan la capacidad de repetir al pie de la letra lo que diga el libro. Se tenderá a la homogenización y se castigará lo diferente, lo diverso, lo divergente, también lo innovador, lo creativo, lo emotivo. Las Matemáticas y la Lengua continuarán reinando en el país de los pupitres y continuará quedando poco espacio para la innovación, el arte o la imaginación. Amueblaremos los cerebros aunque a cambio tengamos que hipotecar el alma. Las nuevas tecnologías (las TIC) irrumpen con fuerza en las clases a modo de superhéroes. Son el Mesías, son la salvación, son el futuro. Pero esta pretendida revolución se queda sólo en aspectos formales. Cambian las formas, para continuar haciendo lo mismo.

A veces creo que la lógica que sustenta todas estas iniciativas y reformas parece ser la de“no quieres caldo, pues toma dos tazas”. A veces la solución no pasa por hacer más, a veces la solución pasa por hacer las cosas de manera distinta. A veces la solución no pasa por imponer, pasa por escuchar. Mientras tanto, y utilizando una de las metáforas que se escuchan en los cursos de gestión de tiempo, continuaremos entretenidos aplastando hormigas en vez de cazar elefantes.

Adjunto a la entrada de hoy la imprescindible y magistral reflexión de Ken Robinson sobre los daños colaterales que la educación actual tiene en los alumnos. Podemos continuar viviendo ajenos al problema, como en la viñeta que acompaña este artículo, pero mientras no reunamos el coraje suficiente para afrontarlo continuaremos perdiendo un tiempo precioso.

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