Dice un conocido refrán que los niños y los borrachos siempre
dicen la verdad. Por eso si realmente estás interesado en conocer la verdad
sobre algo que te preocupa o te inquieta, te aconsejo que le preguntes al niño.
Pero para esto no te servirá cualquier niño, tienes que encontrar a uno en particular… uno que seguro que no te engañará. Eso sí, cuando lo tengas delante asegúrate que la
pregunta que formules valga la pena.
¿Te consideras una persona feliz? ¿Exitosa? ¿Honesta? Si
realmente estás interesado en conocer las respuestas a estas preguntas, te
recomiendo que busques al niño y se lo preguntes. Seguro que su respuesta no te
deja indiferente. Un cuento…
Hace mucho tiempo, en un país muy lejano, murió su rey sin
dejar descendencia. Los sabios del reino decidieron entonces elegir a su nuevo
monarca usando una antigua costumbre típica de aquellas tierras. Dejarían volar
un pájaro que tenían enjaulado y nombrarían rey a la primera persona en la que
el ave se posara.
El pájaro sobrevoló varias veces la ciudad antes de posarse
en la cabeza del zapatero del pueblo. Este era una persona humilde que no había
hecho otra cosa en su vida más que trabajar de sol a sol encerrado en su
taller. Sin embargo, la decisión estaba tomada y era inapelable. Era lo que
mandaba la tradición y sin más demora el zapatero fue trasladado a palacio,
vestido con un delicado manto, alojado en palacio y proclamado rey. Esa misma
noche todos sus ministros le hicieron la misma observación: -“Recordad que de ahora en adelante debéis
comportaros como un rey, no como un zapatero”
Lo primero que ordenó el nuevo rey fue que se habilitara una pequeña
dependencia en lo alto del torreón y se dispusiera de ella para su uso
personal, nadie excepto el rey podría tener llave de esta habitación y acceder
a ella y, a nadie explicó el motivo de su decisión.
Todos los habitantes del palacio sabían que el rey, cada
noche antes de acostarse, subía hasta lo más alto de la torre y pasaba un
tiempo encerrado en aquella habitación. Pero nadie sabía que hacía allí. Por mucho
que en algunas ocasiones habían escuchado atentamente al otro lado de la
puerta, nadie en palacio conocía la razón de aquella extraña costumbre del
nuevo rey.
Pasado el tiempo, la gente de palacio no pudo resistir más la
curiosidad y algunos de sus ministros decidieron acudir ante el rey para
preguntarle por qué subía cada noche hasta la torre y qué hacía allí. El rey
decidió enseñarles la habitación y contarles el secreto que tanto les
intrigaba. Mientras subían hacia la torre les confesó: -“Recuerdo que el día
que fui nombrado rey todos me aconsejasteis que me comportara como tal, incluso
mi ayuda de cámara quiso deshacerse de mis antiguas ropas y mis herramientas de
zapatero. Pues bien- dijo mientras abría de par en par la puerta de aquella
habitación privada- no solo no me deshice de ellas, sino que las conservo en
esta habitación, y cada noche, subo hasta aquí para recordar quien fui y los
años que pasé a la luz del candil remendando zapatos. Y ese recuerdo me ayuda a
ser un rey más justo. Bien, ahora ya lo sabéis. Esto es lo que hago cada noche
antes de acostarme.”
Y con estas palabras volvió a cerrar la puerta.
Si aun no has encontrado al niño al que debes formular tus preguntas te dejo un vídeo como segunda pista... ¡FELIZ REFLEXIÓN!






